¿Buscáis una experiencia de viaje distinta? ¿olvidaros de la cámara de foto y simplemente sentir a un ritmo tranquilo el aroma que desprende una tierra única y diferente? En Extremadura podréis vivir sensaciones diversas y distintas entre sí: es la tierra de la sencillez, lejos del mundanal estrés, donde perderse un fin de semana no es un lujo sino una necesidad.
Hace poco cayó en mis manos el nuevo logo de Extremadura, una imagen de marca que ciertamente me trajo mucho de los recuerdos e impresiones que viví en mi periplo por tierras extremeñas. Su imagen, la de una cigüeña en pleno vuelo me devolvió a mi paseo por el casco histórico de Cáceres, y aquellas torres medievales donde estos animales reposaban ajenos a todo aquello que no fuera el propio silencio y quietud que se respiraba allí. Bajo ella, en el logotipo, la sombra del animal, y el conjunto, en verde y negro, con fondo blanco, colores de Extremadura, me animó a volver a sentir la libertad con la que pude moverme por aquellas tierras.
Extremadura te invita a vivirla. Aproveché mis siete días allí, para recorrerla alojándome en sus paradores. Nada mejor donde dormir que en unos edificios históricos y antigüos que se integran perfectamente con el auténtico espíritu de las ciudades extremeñas: medievales, acogedoras, sencillas, bellas, inspiradoras… Los siete paradores que salpican la región, el de Cáceres, el de Zafra, Mérida, Jarandilla de la Vera, el de Guadalupe, Trujillo o Plasencia… todos ellos son merecedores de que les dediquemos al menos una noche antes de sentirnos extremeños por un día.
No sé, quizás fuera el momento de mi vida en que la conocí en el que ansiaba respirar abiertamente, andar por “otro mundo”, perderme en otra época y sentirme como aquellos caballeros medievales que, embozados en sus capas, recorrían sus callejas medievales en busca de una dama tras los labrados ventanales.
Su inmensa capa blanca esbozada por el pincel de los cerezos en flor del Valle del Jerte, o el profundo sentimiento y respeto que inspira Guadalupe y su Monasterio, o el misterio e Historia que se esconde tras cada rincón de la parte antigua de la ciudad de Trujillo, o el cómo me empequeñecí al oir al guía hablar de aquel fatídico momento de la muerte de Carlos I en sus aposentos del monasterio de Yuste; o la magnífica audición y belleza del teatro Romano de Mérida… son todos recuerdos que siempre me acompañarán.
Fueron tantos momentos en tan poco tiempo que yo invitaría con los ojos cerrados a cualquiera a recorrer Extremadura, a vivirla, a sentirla, a respirarla.
Sí, es curioso como una simple imagen publicitaria puede traer tantos recuerdos…
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