
A la hora de viajar, elegir la opción correcta para alojarse no es sencillo. En ocasiones, hay demasiada oferta y, pese al costo, uno se siente más seguro si se embarca con las reservas del hotel garantizadas.
Además, hay muchos mitos y temores en torno a las propuestas de hoteles baratos, como los hostales y los albergues juveniles. De éstos últimos es que hablaremos hoy, porque si bien no cuentan con muy buen prestigio, son una excelente alternativa para cuidar el bolsillo.
En general, los albergues son albergues juveniles. Esto se debe a que es más común que los jóvenes se lancen a la aventura con pocos billetes encima (a veces, esa es parte de la emoción). Y no suelen tener mayores problemas en compartir la habitación con desconocidos: es más, hasta resulta interesante conocer gente de esa forma.
Por lo tanto, lo primero a tener en cuenta de los albergues es que no hay habitaciones privadas (salvo que se viaje en grupos grandes y haya una habitación totalmente libre, en la que sólo quepan sus integrantes).
Pero sí hay diferencias en cuanto al número de personas que pueden alojarse en un mismo cuarto: los hay de capacidad para cuatro, ocho o hasta dieciséis huéspedes. Desde luego, no se espera que pasen mucho tiempo allí adentro: la idea es recorrer y visitar la ciudad tanto como sea posible, y regresar apenas para dormir y bañarse.
Para permanecer en el albergue, es común que haya espacios compartidos, como salas y patios, en donde los jóvenes se reúnen mientras no están caminando las calles urbanas.
Foto Vía: Photographer’s Direct
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